|
Lo que vale para la música popular vale aún más para la llamada música seria. Los compositores dodecafónicos, con Arnold Schoenberg a la cabeza, abrieron el camino a un modo mecánico de componer que se ha popularizado, con los jóvenes salidos de los conservatorios de música. No hay más que componer un tema con las doce notas de la escala cromática y después se ejecuta ese tema hacia atrás y hacia delante o hacia delante y hacia atrás. La habilidad musical, estará en manejar el tono y el colorido, el movimiento y el climax, pero no en crear una melodía. Y luego comprobaremos que esa música es, condenadamente difícil de cantar.
Hay gente que pretende que ya no puede haber grandes melodías. Según ellos, con tan pocas notas en la escala musical, todos los temas originales deben estar ya compuestos y es inútil buscar otros nuevos. Tal afirmación, es absurda. Hay todavía un infinito de libros, que escribir con las veintiocho letras del alfabeto y hay también, un infinito de melodías que crear con las doce notas y sus innumerables combinaciones rítmicas que esperan ser utilizadas. Simplemente, hemos perdido el hábito de pensar melódicamente. Lo cual, es mala cosa para nosotros, ya que nada hay en el mundo más conmovedor que una gran melodía.
|