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La melodía, ciertamente grande no se parece a otra. Seguramente, es lago caído del cielo, o de ninguna parte y que suele ser completamente inesperado. Pero también, llega a veces cuando se la necesita. Imagine usted que le han encargado componer una sinfonía que ha de ser interpretada dentro de dos meses por una gran orquesta sinfónica. Lo menos, difícil será la tarea de orquestar, que viene siempre al final. Lo más difícil, encontrar temas para el primer movimiento. En este punto necesitará usted, dos grupos principales de temas; uno agresivamente masculino y el otro delicadamente femenino. Esos temas deben ser capaces de ser desarrollados, es decir de convertirse en otros temas, de combinarse en contrapunto con otros y de acabar en grandes melodías. Una pequeña melodía compuesta, en la infancia presentará de repente una serie de posibilidades sinfónicas. Porque otro gran misterio de en relación con la melodía.
El misterio permanece pero en una época como la nuestra, que no acepta los misterios, producir melodías no se considera ya como una de las tareas del compositor. Seamos honrados y preguntémonos cuántas canciones pop o rock de los últimos veinte años tienen una auténtica melodía. Bellas melodías las podemos oír, por ejemplo, en George Gershwin o en los Beatles, pero difícilmente en la música de los Rolling Stones.
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